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História
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El día que me hice ciudadana

29 juin 2026·303 palavras
El día del juramento, con mi mejor vestido y la mano en alto. Imagen de ilustración.

Años de papeles y de estudiar de noche, y la mañana en que levanté la mano y juré, sin soltar la de Rafael.

Me hice ciudadana a los cuarenta y cinco años, después de mucho papel, mucha fila, y muchas noches estudiando preguntas que ni muchos nacidos aquí sabrían contestar. Cuántas estrellas tiene la bandera. Quién fue el primer presidente. Qué dice la primera enmienda. Yo las estudiaba en la mesa de la cocina, ya tarde, con el diccionario al lado, después de un día entero de trabajo. La mañana del juramento me puse mi mejor vestido. Había gente de todo el mundo en ese salón, de países que yo no sabía ni señalar en un mapa, y todos teníamos la misma cara, una mezcla de nervios y de orgullo que no se puede fingir. Levantamos la mano y juramos juntos, en inglés, y a mí se me quebró la voz a la mitad. Rafael estaba sentado atrás y yo no le solté la mano ni cuando me dijeron que la levantara. La levanté con la otra. Pensé en mi madre, que nunca salió de Jalisco. Pensé en la noche del desierto, en el calcetín con el dinero, en las cajas de fresa. Pensé qué dirían en el pueblo si me vieran ahí, Elena, la del comal, hecha ciudadana de este país tan grande. Y lloré, claro. A estas alturas ya se habrán dado cuenta de que lloro fácil. No me da pena. Una mujer que no llora es una mujer que se está guardando cosas que la van a enfermar. No dejé de ser de Jalisco por hacerme de aquí. Esa es una cosa que los de aquí a veces no entienden, y que ustedes, mis nietos, tienen que entender bien. No es escoger. Se puede ser de dos lugares con el corazón entero, no partido. Yo soy mexicana y soy de este país, las dos completas, y no le debo una explicación a nadie.

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